abril 6, 2025
oromo
Relato sobre el origen del topónimo 'Oromo', nombre de una comunidad rural de Purranque, y la relación entre la memoria ancestral huilliche y el territorio.

MEMORIA PATERNA: OROMO

Autor: Cristian Oyarzo

“Oromo” es el nombre de una comunidad que está junto al río Forrahue hacia el lado oriente de Purranque. En la comunidad de Oromo me crie con Paola y Carol, mis hermanas. Terminada la adolescencia tuvimos que abandonar nuestra tierra. En la comunidad de Oromo vive todavía un puñado de familias, varias de ellas emparentadas y todas, en mayor o menor medida, con antepasados de origen huilliche.

Oromo es una palabra de la que no se sabe con certeza ni su origen ni su significado. La palabra Oromo la vi escrita por primera vez cuando la Dirección de Vialidad echó abajo el antiguo puente de madera y lo reemplazó por uno hecho de fierro y hormigón. Cuando se terminó la obra, pusieron un letrero con su nombre: Puente Oromo. Un par de años después volví a ver la palabra. Esa vez la leí estampada en la primera camiseta que tuvo el club de fútbol de la comunidad: Club Deportivo Oromo-Forrahue. Mi finado padre, don Machi Oyarzo, fue el primer presidente de ese club.

En 1985, estando yo en la básica, un profesor del Liceo B-23 nos hizo una clase a cielo abierto. Llevó a todo el curso de expedición al río Forrahue, a recorrer el tramo que pasa detrás de mi antigua casa. Antes de cruzar el puente nos juntó a todos frente al letrero y nos dijo que la palabra “Oromo” venía del nombre de un árbol llamado “Aromo”.  Enseguida explicó que la vocal “A” de la palabra “aromo” se había deformado hasta convertirse en “O” dando  como resultado la palabra “oromo” porque los pobladores huilliches del lugar no sabían hablar correctamente el idioma español. Terminó su explicación señalando con su mano unos montes que hay junto al río y dijo: “¿Ven esos árboles? Son aromos. Por eso se llama así”.

Que se entienda bien lo que voy a decir ahora. A ese profesor le guardo un enorme respeto y cariño. Recuerdo que sospeché de lo que acababa de enseñarnos. Tuve la idea de preguntarle algo, pero la timidez me ganó y me quedé callado. Mi finado padre no había ido a la escuela. No sabía mucho de libros, pero cada madrugada, cuando nos íbamos a lechear al fundo del gringo donde él trabajaba, aprovechó siempre de enseñarme a leer otra cosa: la lengua de la naturaleza, el itrofill mongen, la lengua de todo lo viviente. Desde pequeño me enseñó a distinguir los pájaros por el canto, los animales por las huellas que dejan, y los árboles por sus hojas y frutos. Yo sabía que en esos montes juntos al río había coigües, ulmos, lumas y pataguas. Nunca le escuché decir a mi padre que allí hubiera un árbol llamado “aromo”.

Diez años más tarde, en 1995, yo estaba estudiando en Valdivia y tuve mi primera experiencia con la internet. Me recuerdo estar antes el primer navegador que conocí, Altavista, listo para hacer mi primera búsqueda. En ese tiempo yo escribía solo con dos dedos. Lo hice lentamente, tecla a tecla “o r o m o” y apreté la enter. El resultado que me arrojó fue tan sorprendente como erróneo. “Oromo: grupo étnico pastoril, nómade y semi agrícola originario de Etiopía y Kenia”. Era imposible que la palabra del letrero Puente Oromo estuviera relacionada con África. El misterio seguía sin resolver.

Diez años más tarde, en el 2005, estando yo en Santiago y siendo ya un estudiante de lingüística de la Universidad de Chile, una tarde un profesor nos habló en clases del cambio fonético, de cómo los sonidos de los idiomas van cambiando su forma y su identidad con el tiempo y, también, por influencia de otras lenguas con las que han entrado en contacto.  En esa clase dio ejemplos de cómo sonidos del latín habían cambiado para volverse castellanos y cómo sonidos del castellano original se han ido modificando por el contacto con sonidos de otras lenguas. Mientras el profesor hablaba, mi mente se fue al caso de la palabra “Oromo” que, en mi cabeza, estaba sin resolver desde que era niño.

En ese momento se me ocurrió esto: la palabra Oromo debe ser de origen mapuche, el idioma hablado por los pobladores originarios del Forrahue desde miles de años antes de la llegada de los españoles, los chilenos, los sirio-libaneses y los colonos alemanes. ¡Como no lo pensé antes, era tan obvio! Purranque, el nombre del pueblo, y Forrahue, el nombre del río, son palabras de origen mapuche-huilliche. Oromo también debe serlo. Sin embargo, había un problema. En el mapuzungun y en el chezungun actuales no está la palabra Oromo por ningún lado. No está en ningún diccionario y ningún hablante actual la reconoce. Entonces, para rastrear su origen tenía que convertirme en detective y comenzar a hacer inferencias a partir de las escasas huellas dactilares que la propia palabra conserva.

Mi hipótesis es que “Oromo” proviene de la palabra mapuche-huilliche “ngürümo”. Esta palabra fonológicamente se transcribe así: [ ŋɘ.ˈʐɘ.mo ]. La palabra “ngürümo” se forma de dos piezas. El primer componente es “ngürü”, una raíz de clase sustantivo que significa ‘zorro’. Es una palabra muy difícil de pronunciar para un hablante chileno porque el sonido que se representa con la letra “ng” [ ŋ ] existe en el idioma español, pero nunca va al inicio de palabra. Es difícil de pronunciar, además porque “ngürü” lleva dos veces la sexta vocal mapuche “ü” [ ɘ ], que es una vocal distinta a cualquier vocal del español. Es una vocal que está a medio camino entre la “i” y la  “u”, pero que se pronuncia con los labios estirados. Por último, “ngürü” es una palabra difícil de pronunciar porque la “r” en la lengua mapuche se pronuncia de manera arrastrada y con articulación retrofleja, es decir, la lengua se coloca flectada hacia atrás. Todo muy difícil. La segunda pieza de la palabra “ngürümo” es el sufijo -mo, que significa ‘lugar donde hay algo’. Mi hipótesis es que “Oromo” viene de “ngürümo” y significa ‘lugar donde hay zorritos’.

Diez años más tarde, en el 2025, después de cuarenta años de estar dándole vueltas a este asunto, tengo dos razones fuertes para pensar que la palabra “ngürümo” es el origen más probable de la palabra “Oromo”. UNO. En la cultura mapuche-huilliche los nombres de lugares suelen hacer referencia a la fauna nativa del lugar. Por ejemplo, Manquehue lugar de cóndores, Pichidangui, ratoncitos, Panguipulli tierra de pumas. DOS. La segunda pieza de la palabra Oromo, el sufijo -mo, está presente también en otros nombres de lugares donde se habló y sigue hablando la variante huilliche del mapuzungun. Por ejemplo, “Angelmo”, “Cochamo”.

En conclusión, la palabra “Oromo” sería una forma castellanizada de la palabra “ngürümo”. El sonido “ng”, que en posición inicial es muy difícil de pronunciar, desapareció. Y la sexta vocal mapuche “ü” tomó la forma de una vocal más fácil de pronunciar: la vocal “o”. La sexta vocal “ü” se deformó y terminó siendo “o”, porque los chilenos no sabían pronunciar la variante huilliche del mapuzungun. La explicación a la que llegué es justamente la contraria a la que me contó mi profesor, esa vez, frente al letrero del puente. La palabra no se deformó por culpa de los hablantes huilliches que no sabían pronunciar castellano, sino al revés: se deformó por los chilenos que no sabían hablar mapuzungun.  

En la cultura mapuche-huilliche las personas desarrollan un vínculo muy fuerte con su territorio de origen, el lugar donde nacieron y se criaron, una especie de cordón umbilical con la tierra. Incluso hay una palabra para nombrar esa relación: tuwün.  Yo ya no tengo tierra en Oromo, pero Oromo siempre será mi tuwün. En una época remota, cuando los volcanes aún no se enfriaban, un hombre y una mujer vieron por primera vez los montes nativos del río Forrahue en el tramo que pasa por el lado oriente de Purranque y se encontraron con familias enteras de zorros viviendo entre los gualves, los ñades y los cunquillos de lo que en esa época era un enorme y fértil humedal. Entonces, presintieron que ese lugar era sagrado, que el espíritu inmemorial de ese animal admirable que es el zorro tutelaba ese lugar. Y usando palabras de la lengua antigua lo nombraron “Ngürümo”. A través de los siglos esa palabra se ha erosionado, igual que una piedra golpeada por el ritmo incesante de las aguas de un río que jamás se detiene. Con el tiempo, esa palabra se ha vuelto champurria, se ha vuelto mestiza: “Oromo”. La palabra Oromo es como una voz antigua que nos habla desde la profundidad del río para que las mujeres y los hombres del presente no nos olvidemos nunca de donde venimos, si queremos de verdad llegar a algún lugar.

Cristian Oyarzo, es lingüista y escritor. Autor de la novela Purranque (2022), publicada por Emecé Cruz del Sur – Grupo Planeta.

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